Publicado :07/03/2026 | Modificado:07/03/2026
Era 1848 cuando, en la Convención de Seneca Falls, se proclamó una frase que marcaría la historia: “Sostenemos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres y las mujeres son creados iguales”. Las voces de Elizabeth Cady Stanton y Lucretia Mott abrieron un camino que, casi dos siglos después, sigue construyéndose. Desde entonces han pasado protestas, huelgas, conquistas y retrocesos. El mundo ha cambiado, pero el avance hacia la igualdad continúa siendo un desafío constante.
En Áncash, ese espíritu de lucha y transformación se refleja en mujeres que, desde sus propios espacios, están cambiando realidades.
Alejandra: juventud, decisión y un emprendimiento con propósito
En Huaraz, la joven Alejandra Miranda Vilca apostó por una idea distinta. Observó que muchas velas del mercado estaban hechas de parafina, un derivado del petróleo, y decidió investigar alternativas más saludables. Así nació Velas Solara, un emprendimiento de velas artesanales 100 % naturales, pensadas no solo para aromatizar un ambiente, sino para cuidar la salud y el bienestar emocional.
Emprender no ha sido un camino sencillo. Ha enfrentado dudas, comentarios por el precio y los riesgos propios de iniciar un negocio. Sin embargo, también ha recibido reconocimiento por innovar y atreverse a ofrecer un producto distinto en el mercado local.
Alejandra representa a una nueva generación de mujeres que no esperan oportunidades, sino que las crean. Su historia demuestra que la juventud no es un límite, sino una fortaleza cuando se combina con convicción, aprendizaje constante y el valor de dar un salto de fe.
Cristal Ramírez: emprender desde el amor propio
Cristal Ramírez convirtió el autocuidado en una propuesta empresarial. Su marca, Cristal Personal Care, ofrece productos elaborados con insumos certificados y amigables con el planeta: jabones, shampoo, serums y cremas que promueven el cuidado consciente.
Como mujer emprendedora, Cristal ha enfrentado desafíos que van desde convencer a las personas de probar un producto nuevo, especialmente cuando se trata del cuidado de la piel, hasta las dificultades de movilizarse y encontrar espacios para exhibir y vender. Sin embargo, no se ha detenido. Las ferias han sido una vitrina clave para crecer y conectar con más personas.
Su mensaje es claro: emprender da miedo, pero empezar es el primer paso para avanzar. Porque cuando una mujer decide creer en su proyecto, no hay obstáculo que pueda frenar su crecimiento.
Luz Zorrilla: identidad, cacao y resiliencia
Desde San Marcos, Luz Zorrilla Salazar decidió empezar de nuevo tras regresar al país. Fundó Chocolatería Luvisa con una misión clara: revalorar el cacao peruano a través de chocolates con alto porcentaje de pureza, resaltando sus propiedades naturales y beneficios para la salud.
Emprender no ha sido sencillo. Empezó tocando puertas, vendiendo de casa en casa y enfrentando la resistencia de consumidores poco acostumbrados al chocolate puro. Ha soportado días sin ventas, el sol, la lluvia y la incertidumbre, pero nunca dejó de creer.
Gracias al impulso de PROCOMPITE pudo adquirir maquinaria y fortalecer su producción, y hoy, después de tres años, cuenta con clientes fieles que la recomiendan. Su sello distintivo va más allá del sabor: en cada empaque promueve la riqueza cultural y turística de Áncash, mostrando íconos como el Huascarán, la Puya Raimondi y la Catedral de Huaraz.
Luz demuestra que cuando una mujer decide emprender con identidad y propósito, el resultado es más que un negocio: es cultura, resiliencia y orgullo regional.
María Isabel: tejiendo autonomía y futuro
A sus 33 años, María Isabel ha demostrado que un emprendimiento puede ser también una herramienta de transformación social. Su proyecto de tejidos artesanales, nacido en la universidad, buscó dar valor agregado a la lana de oveja mediante productos ecoamigables y diseños innovadores.
Lo que comenzó hace más de diez años con tres madres solteras que necesitaban generar ingresos, hoy se ha convertido en un proyecto sostenible que impulsa el empoderamiento femenino.
María Isabel no solo amplió el mercado del ámbito local al nacional y ahora apunta al internacional, sino que ha formado a mujeres para que perfeccionen su técnica y cumplan estándares de calidad cada vez más exigentes. Una de ellas, que inicialmente dudaba de sus capacidades, hoy financia sus estudios de fisioterapia gracias a sus tejidos.
A través de “Putskan Artesanías Textiles”, María Isabel reafirma que el emprendimiento es también una forma de valorarse, creer en una misma y demostrar que las mujeres pueden transformar su realidad y la de sus familias sin importar la edad ni las circunstancias.
La historia se sigue construyendo
En este Día Internacional de la Mujer, estas historias nos recuerdan que la igualdad no es un discurso abstracto: se construye todos los días, con decisiones valientes, con trabajo constante y con la determinación de no rendirse.
Las mujeres no solo participan en la sociedad: la sostienen, la transforman y la impulsan hacia adelante. Cuando una mujer emprende, no solo genera ingresos; genera impacto, identidad y futuro.
Este 8 de marzo no es solo una fecha para conmemorar. Es una oportunidad para reconocer que detrás de cada avance hay mujeres que se atrevieron a empezar. Y mientras existan mujeres decididas a crear, innovar y liderar, el cambio seguirá siendo posible, pues así lo demuestran día a día, desde 1848 en la Convención de Seneca Falls con la frase: “Sostenemos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres y las mujeres son creados iguales”.